Cenaida y su mágico mundo de las abejas

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3 months ago

Guachetá, Cundinamarca. Abril 30 de 2018

 

Mientras prepara el café negro que le entrega el ánimo y la renueva de energía cada mañana, allí en su finca ubicada en medio de las verdes montañas de la vereda Pueblo Viejo en Guachetá, Cenaida Cortés inicia un nuevo despertar que al igual que todos los días, comienza con atender el ganado y algunas aves de corral que hacen parte de sus propiedades.

 

Con los primeros rayos del sol, y soportando las frías mañanas típicas del altiplano cundiboyacense, acompañada de una ruana que le da buen abrigo, empieza a preparar las herramientas que necesita para ir a visitar a sus abejas o ‘las niñas’ como siempre las llama, ya con el overol, careta, guantes, botas y hasta el ahumador listo, sale camino a buscar las colmenas.

 

“Si está listo para sacar miel, entonces es necesario llevar los cuadros, hacer la desoperculación, que es como peinar las celdas del panal para extraer la miel y la cera, ya va la centrifuga para caer a una caneca esterilizada, después la paso a un filtro y se deja. Ya al otro día se recoge si hay, el propóleo. Al día siguiente le devuelvo los cuadros que le quite a las abejitas”, dice esta mujer dedicada desde hace muchos años a la apicultura.

 

En 35 colmenas distribuidas en el espacio de su finca, donde cada colmena alberga entre en promedio entre 45 al 70 mil abejas, permanece Cenaida con su mundo mágico de las abejas, con el mismo empeño que estos insectos trabajan para fabricar la miel, la cera, el propóleo, esta guachetuna dedica gran parte de las horas de la semana a cuidar, visitar y extraer los productos que producen sus ‘niñas’.

 

En la provincia del Valle de Ubaté,  al igual que muchas zonas en los últimos años, la alarma sobre la pérdida constante de las abejas, es una amenaza que no deja de preocupar a los apicultores pero también a los expertos en temas ambientales, quienes reconocen el papel que juegan las abejas en el medio ambiente es fundamental, ya que su labor de polinización es irremplazable, estos pequeños y en ocasiones temidos insectos, son los polinizadores de al menos un tercio de nuestra alimentación pero también del forraje que alimenta a los ganados que comemos.

 

Las causas de su muerte son diversas y que las llevan al exterminio, van desde la contaminación del aire, tanto por el porcentaje del dióxido de carbono CO2 como el uso de pesticidas y los incendios forestales, las mismas llamas que hace unos dos años, presentadas en la zona rural de Guachetá, le hicieron perder cinco colmenas, es decir algo más de 200 mil abejas encargadas de polinizar en sus recorridos la vegetación, porque las plantas dependen de la ayuda de ellas, para  reproducirse.

 

Cenaida Cortes, resalta que debido a la denominada “crisis de las abejas” que afecta a la producción agrícola en muchos lugares del mundo, los cuales sumados a la deforestación que destruye el hábitat natural de las abejas, eliminando plantas y flores silvestres, en menos de tres años el mundo no tendría como sobrevivir, “la gente no sabe la importancia de las abejas en el medio ambiente, por eso yo le digo a la gente que si las abejas se acaban, en muy poco tiempo, unos años la humanidad no tendría como alimentarse”.

 

El llamado que hoy hacen los apicultores es para hacer un control al uso de plaguicidas usados en la agricultura los cuales disminuyen el número de abejas, pues estudios científicos han establecido que  las abejas se sienten más atraídas por las plantas que han sido tratadas con estos productos, además estos insectos son  atacadas por ácaros, hongos y virus, problema que va en aumento estos últimos años.

 

La CAR Cundinamarca encuentra en sus historias un reflejo del trabajo coordinado para la protección de nuestro medio ambiente. Del mismo modo, trabaja para respaldarlas y multiplicar el mensaje hacia todo su público de interés.

 

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