Hilando tradiciones con lana

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Ubaté, Cundinamarca. 30 de abril de 2018

 

Armada de laboriosidad  y dedicación, algunas de las características que destacan a las mujeres campesinas, en la vereda Volcán I de la Villa de San Diego de Ubaté, se encuentra María Luis Triviño rodeada de la música propia de la naturaleza, esa donde se conjuga el sonido del viento, los pajaritos, los animales de granja y el ritmo del huso donde hila la lana que le sirve para producir sus tejidos.

 

Esta mujer, que es la representación de la tradición de las tejedoras de lana de la provincia del Valle de Ubaté, desde que tenía 11 años se dejó cautivar por el encanto de una práctica centenaria, que la llevo adquirir sus primeros conocimientos y convertirse en una experta en hilar y torcer las hebras de lana que salen del pelo de las ovejas, esas mismas que vendía los días de mercado en Ubaté.

 

Con el paso de los años, la magia de los tejidos la cautivo y cargada de mucha paciencia, decidió empezar por aprender cómo hilvanar con agujas la lana para crear ruanas, gorros, bufandas, sombreros y guantes, esos productos que con tanto empeño en ocasiones le quitan gran parte de su tiempo.

 

“El trabajo del tejido más complicado son los guantes, porque es necesario estar muy concentrado, pues uno va bien hasta el plante de la mano, entonces hay que hacer la repartición de los dedos, se tiene que estar muy concentrado para terminarlos muy bien”,  dijo María Luisa quien no deja de estirar la lana para torcerla y convertirla en hilo.

 

Sin descanso, todos los días se despierta las 4:30 de la mañana para dar inicio a las labores propios de su hogar, ordeñar, alimentar los animales de la finca, preparar el café que muy caliente despierta el ánimo en medio del fuerte frío que golpea las montañas de la zona rural en la capital lechera de Colombia, después cuando su esposo y la familia sale a trabajar en otras actividades, María Luisa arranca a hilar con su mirada puesta en cada puntada, sigue creando e innovando, en una labor que le ocupa gran parte de sus días.

 

El tejido de lana virgen, que va desde que se esquilan las ovejas, se lava, se seca, se hila y tuerce, hace parte de una tradición representativa del altiplano cundiboyacense, un oficio que  ha pasado de generación en generación desde la época prehispánica, cuando se elaboraban cobijas y mantas para intercambiar con otras culturas y al mismo tiempo para espantar el frío que cubre esta zona del país.

 

El trabajo que hoy María Luisa realiza, tiende a desaparecer en su familia, pues nadie, hasta el momento ha querido aprender el oficio de las hilanderas y tejedoras, “son muy pocos los jóvenes que les llama la atención por la dedicación, el trabajo, el empeño y amor que hay que tener”, señala con nostalgia.

 

Sin embargo, las ruanas, sombreros, gorros, bufandas y guantes que teje María Luisa hacen parte de los productos que recorren el territorio CAR, en las Feria de Negocios Verdes y Sostenibles, donde se ofrecen productos elaborados de forma artesanal pero respetando los recursos naturales.

Etiquetas: Ubaté, María Luisa Triviño, Feria Negocios Verdes, Artesanías en Cundinamarca,

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