Las mujeres campesinas de Guatavita que mandan en el negocio de la leche

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hace 1 mes

A las cinco de la mañana Ana Leonor camina al frente del grupo de mujeres rumbo a las labores de ordeño. Las vacas mugen, el frío cae hecho gotas de escarcha que tocan el pasto. La doña de 65 años toma su banco de madera, dispone la cantina e inicia la tarea diaria en la finca La Carbonera, una extensión de praderas verdes, ubicada en Guatavita Cundinamarca.

Ana es una de las 30 integrantes de la Asociación de Mujeres Emprendedoras de Guatavita que hoy, como todos los días, sin importar el helaje propio de los 2.660 metros sobre el nivel del mar (ms.n.n), inician  las labores de  ordeño para obtener la leche que luego transformarán en  quesos, yogurt, dulces de panela y arequipes, entre otras delicias, orgullo de la gastronomía de la sabana de  Bogotá.

“La Asociación de Mujeres Emprendedoras (AMEG) fue fundada el 12 de octubre de 2000 por un grupo de mujeres campesinas que querían cambiar la historia y realizar labores diferentes y lograr mejorar su calidad de vida”, agrega Patricia Rodríguez, fundadora y representante legal de la organización femenina, quien hace una pausa y deja descansar a Lola, la vaca que ya le ha regalado una cantina de leche. Tras la faena queda un tibio y característico olor en el ambiente.   

Patricia pionera del entusiasta grupo de mujeres se ha capacitado en buenas prácticas de ordeño, ganadería, manipulación y elaboración de productos lácteos. “La incorporación de la  producción limpia en los  procesos ha sido clave para mejora la calidad de la leche. También aprendimos a lavar los pezones con agua semillorada, recurso disponible en pozos, luego de hacer el despunte de donde salen los primeros chorros para controlar bacterias y evitar la mastitis”, agrega.

Con las primeras luces del sol concluye la labor de ordeño. Rigurosamente lavan los enseres y los recogen  en un ritual diario. Previo a la cita del desayuno Patricia revela más detalles del proceso “Antes, en este paso, secábamos con papel y no éramos amigables con el ambiente. Ahora lo hacemos con toallas que desinfectamos o cambiamos continuamente y hacemos el sellado”. Estas técnicas de buenas prácticas ganaderas han tenido el acompañamiento de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) complementa la líder campesina.

Mientras sirven el desayuno colectivo, Ana Leonor Rodríguez, una de las mujeres más veteranas en esta actividad refiere como fueron los comienzos de la organización.  “Gracias a una señora que nos dejó un gran recuerdo de su trabajo en comunidad, nos convocó a organizarnos en una asociación, ya que nuestro trabajo era únicamente, el hogar y oficios de la casa, atender a los hijos y al marido, ella nos ilustró en cómo formar la asociación. Iniciamos con la fabricación de traperos, escobas y jabones; no nos dio resultado, ahí fue cuando vimos que además de ordeñar y vender la leche podíamos hacer sus derivados”.

Al calor de una aguapanela que ellas mismas prepararon, Patricia agrega que   recientemente incorporaron  a su proceso  la realización de compostaje para no utilizar abono químico. Esta iniciativa la   adoptaron en desarrollo de la estrategia de Negocios Verdes que lidera la CAR Cundinamarca, entidad que reconocen como aliada clave en su consolidación como una de las asociaciones de mujeres rurales de mayor reconocimiento en la región.

La siguiente parada del recorrido es la planta de procesamiento, una estructura con equipamiento  completo.  Al  compás de los sonidos de las máquinas y  las voces animadas de las mujeres dedicadas a la fase de procesamiento, la leche se transforma en dulces, cuajadas, quesos, yogures, entre otros derivados, que  luego llenarán las vitrinas  y las ferias de negocios verdes  donde siempre son protagonistas  y ejemplo de emprendimiento femenino.

“Gracias a nuestro   compromiso cumplimos 22 años. Nuestra palabra es una escritura”, refiere Patricia para quien la responsabilidad ha sido determinante en el propósito de ganarse la confianza de los compradores en un negocio dominado durante muchos años por los hombres, circunstancia que en un principio fue un obstáculo. Los buenos dividendos económicos y la mejor calidad de vida, terminaron por convencer a sus esposos al punto que en la actualidad hacen parte del proyecto.

La asociación tiene una visión integral del negocio de producción y comercialización de derivados de la leche, de tal manera que, asisten a talleres de trabajo familiar.  El modelo productivo busca que el progreso sea en lo económico y  social con la solidaridad y el  valor del trabajo en equipo como criterios fundamentales de su actividad. 

 “Todas las mujeres debieran tener una maleta de sueños, así como lo hicimos nosotras, los logros se van alcanzando con disciplina y perseverancia” es el mensaje final  de Patricia.  Que vuelvan pronto, no olviden el camino, dice mientras al  fondo las vacas vuelven a mugir y  las campesinas respiran los vientos fríos que llegan desde las montañas majestuosas de Guatavita.

 

 

 

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