Los protectores de El Naranjal

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3 weeks ago

Bogotá D.C., 1 de agosto de 2019

 

 

La finca El Naranjal se encuentra ubicada en la vereda Hungría, corregimiento uno del municipio de Soacha, propiedad de los hermanos Ramírez. Familia humilde y amable, quienes reciben a sus comensales con una sonrisa en su rostro. Allá llegamos un viernes frío, en mi celular marcaba 9 grados centígrados y después de un largo recorrido desde la madrugada saliendo de Bogotá, llegamos a las 9 de la mañana a dicha finca. Amparo Ramírez y su hijo Osvaldo nos recibieron con un tinto recién preparado para calmar el frío que no nos quitaba ni dos chaquetas que llevábamos puestas.

 

Esta familia hace parte del proyecto BanCO2, estrategia de pago por servicios ambientales de carácter voluntario a familias campesinas, que tengan dentro de sus predios ecosistemas naturales y estén dispuestos a conservarlos, un logro fruto de la alianza entre la fundación Masbosques y 27 Corporaciones Autónomas Regionales, entre ellas la CAR.

 

Osvaldo nos hizo un recorrido por la vereda para conocer las 33 hectáreas que fueron declaradas como reserva forestal desde hace 15 años por la CAR. Sin importar la lluvia comenzamos la caminata, donde solo se respiraba aire puro y se escuchaba el cantar de los pájaros. Pasamos por la quebrada Los Duraznillos mientras él nos contaba cómo su familia había empezado el proyecto: “Gracias a la presidente de la Junta de la vereda, Rocío Landinez, quien llevó a ingenieros para explicar el proyecto, nos contó de los incentivos y los requisitos; todos estuvieron de acuerdo y aceptaron”.

 

En este caso, su tío Humberto Ramírez, de 74 años y trabajador desde joven en el campo, ha sido el más beneficiado con este proyecto. “Mi tío tuvo hace poco una cirugía de rodilla, él no tiene ningún tipo de pensión, y si él no hubiese tenido los recursos de esta finca que recibe por BanCO2, le habría sido muy complicado porque estuvo tres meses quieto, eso le sirvió para sus sustento”.

 

Luego de 1 kilómetro de caminata, con los zapatos llenos de ‘katillos’ y a pesar del mal físico, llegamos al terreno de la familia Ramírez. Lo tienen cercado con un candado para que nadie ingrese a su predio y así protegerlo como se lo pide el proyecto. “No se puede hacer ninguna explotación agropecuaria, forestal o de carbono, hay que hacerle mejoras, por ejemplo había una parte limpia y ahí plantamos algunas plantas de aliso que son nativas de la región, debemos mantenerla cercada con candado para que nadie haga ningún tipo de afectación”. Así lo manifiesta el sobrino de don Humberto, quien es el más pendiente de que esto se cumpla, está muy bien informado del proyecto y lo más importante, lo hace con amor por el medio ambiente.

 

Mientras veíamos el movimiento de los árboles y escuchábamos el sonido del viento, con aquel clima incierto regresábamos por el mismo camino a su hogar cálido. Esta vez Amparo Ramírez, nos preparó un delicioso chocolate, y mientras tanto expresó sus sinceros agradecimientos con el programa: “para nosotros fue una bendición esa ayuda porque, como se dice, somos gente de bajos recursos económicos, le hemos hecho mejoras a la casita, las terapias de mi hermano y el sustento para la comidita”.

 

Y así es como este proyecto está encaminado a mejorar la vida de las comunidades y la protección de los recursos naturales bajo el esquema de BanCO2 y la CAR, por medio de aportes voluntarios.

 

 

 

 

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