Santa Helena, una EcoEscuela en el corazón de Pandi

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Pandi, Cundinamarca. 13 de agosto de 2019.

 

 

Casi cinco horas de camino separan a Bogotá del municipio de Pandi. Tiempo en el que se deja atrás la fría y congestionada Capital, para admirar el cielo, la naturaleza, apreciar los paisajes que ofrece la cordillera Andina, donde se escucha a lo lejos el cantar de los pájaros.

 

Se comienza a subir y a subir entre montañas para llegar a la escuela Santa Helena Alta, después de recorrer sin rumbos fijos, al final del camino, por la vereda que lleva su mismo nombre, se vislumbra la estructura blanca de tejas rojas, lo que hace olvidar el ruido de la caótica ciudad y la noción del tiempo.

 

Entre pastos y olores fragantes a campo, los 100 estudiantes de secundaria de la escuela han aprendido sobre el cuidado ambiental gracias a proyectos impulsados por la CAR, como lo es la BiciCAR, la compostera, el panel solar, y gracias a este último hoy los docentes y estudiantes cuentan con internet las 24 horas del día y hacen trabajos de robótica.

 

Las bondades de la naturaleza les permiten llevar los residuos orgánicos de la huerta de la escuela, a la zona donde se ubica la compostera. El material vegetal es dispuesto en el lugar para ser triturado y transformado en abono, que también les da la posibilidad de aprovechar los desperdicios procedentes del restaurante escolar. Este abono, producto del proceso de compostaje, es usado en los cultivos propios de la institución, una actividad que beneficia el ambiente y la economía de esta comunidad educativa, de acuerdo con expresado por el estudiantado.

 

El hombre que lidera estos proyectos es el profesor David Ramos Aroca, quien enseña biología, y trasmite los conocimientos con amabilidad, vinculando al colegio con el proceso de la CAR en apoyo al PRAE. “La escuela debe transformarse, y esa transformación debe llevar a un mejoramiento del ambiente, y EcoEscuelas nos ayuda a cambiar la mirada. Que nosotros tengamos algo que darle a la sociedad más allá, en sacar personas interesadas en cuidar el medio ambiente”, sostiene David, mientras, al fondo, se escucha el arrullo de las aves y el bullicio de los estudiantes, que corren presurosos para disfrutar del recreo.

 

De acuerdo con su testimonio, llevan cinco años realizando prácticas de aprendizaje ambiental; como el uso eficiente del agua, la energía y del manejo de los residuos sólidos, entre otros.

 

Para los alumnos, uno de sus grandes logros es la huerta, que les permite conectarse con la naturaleza, involucrándose en el proceso de plantar, cuidar y cosechar en ella, siendo sumamente beneficioso para ellos, desde el punto de vista de la sana alimentación, dado a que son productos frescos y se tiene la tranquilidad de que no están contaminados y son recogidos con sus propias manos.

 

Otro logro a destacar es el de movilidad limpia, denominado BiciCAR, que ha sido de gran utilidad en los estudiantes que en medio de los angostos caminos que tienen que recorrer desde temprano para llegar al centro de estudio, ahorrando tiempo y ayudando a no contaminar el ambiente. Por eso, para Tatiana Linares, estudiante del grado noveno, quien, en medio de su timidez e inocencia, comentó con orgullo que hacia parte del proyecto. “La cicla me ha servido mucho, para la disminución del tiempo y de la paga de la ruta, pues a pie me echo media hora hasta aquí”.

 

Como está hay otras muchas Ecoescuelas a lo largo del Territorio CAR, pues hay presencia en 99 municipios, en donde la pedagogía ambiental se promueve desde temprana edad, alcanzando metas como compromiso con el ambiente, transferencia al entorno familiar, conciencia ecológica, manejo de los recursos utilizados diariamente como el agua, la energía por medio de la luz solar y el reciclaje tanto en la casa como en la institución.

 

Mientras los más chiquillos juegan a la pelota, un grupo de estudiantes de último grado observa el panel solar, una estructura donada por la CAR-Cundinamarca, y que les permite trasformar los rayos del astro rey en una prodigiosa forma de energía ecológica, que lleva luz a las aulas, cuando falla el sistema eléctrico. Estudiantes, docentes y personal administrativo, irradian felicidad al hablar del panel, el cual, señalan entusiasmados, ha sido muy útil como herramienta para investigaciones de robótica, así como para garantizar el internet en todo el día.

 

La jornada escolar termina en Santa Helena a las tres de la tarde, y cada uno de los alumnos se dispone a ir a sus hogares, llevando en sus mochilas del conocimiento, cada uno de los saberes que desde la Autoridad Ambiental y las costumbres indígenas han puesto como bandera en su actuar diario, enseñando a sus familias, que cuidar la naturaleza como tarea de todos. Caminan por los verdes pastos con ansias de volver al otro día a seguir nutriendo sus mentes con lo que la naturaleza les ofrece.

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