Soy tu amigo lento, por favor protégeme

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3 weeks ago

Zipacón, Cundinamarca. 25 de octubre de 2018.

 

Hola, te voy a contar mi historia y mi vida, para que aprendas algo de mí, ya que, aunque vivo cerca a tu entorno, no me conoces, me confundes y a veces me atacas, me capturas o me matas.

 

En primer lugar, mi nombre: Me llaman “perezoso de dos dedos”, a veces me dicen “oso perezoso”, aunque no tengo nada que ver con los osos, somos una especie diferente.

 

Tengo varios familiares similares a mí como el perezoso de tres dedos, mi primo costeño que vive en las cálidas tierras cercanas al mar, o mi otro primo que habita por los lados del Amazonas. Yo sí prefiero la cordillera, y por acá en el centro del país soy tu vecino de lugares como Zipacón y la región del Tequendama.

 

Ustedes los humanos también nos colocan unos nombres raros o científicos: A mí, por lo menos me dicen “Cholepus hoffmani”. Mi vida transcurre lentamente, para mí el tiempo es lo de menos, mis minutos y mis segundos son diferentes, me gusta disfrutar la vida sin afanes. Mido entre 46 y 86 centímetros y llego a pesar hasta 9 kilogramos. Mi pelaje es largo, grueso y ondulado, mi cara tiene el mismo pelaje de mi cuerpo y siempre estoy sonriente.

 

Como vivo colgado de los árboles, mis patas poseen dos dedos con los cuales me sujeto fuertemente, ya que, en esta posición me alimento, duermo y hasta doy a luz. A pesar de mi apariencia dócil y que trato de pasar desapercibido y camuflado entre la vegetación, cuando me veo atacado suelo defenderme con garras y dientes.

 

Me gusta la soledad, paso así las horas, los días meses y años, pues suelo vivir hasta 20, y prefiero la noche para movilizarme. También tengo mi corazoncito, y aunque gasto mi tiempo, a veces encuentro hembras muy atractivas y es así justamente, con paso lento que las conquisto, y ellas me indican el momento de aparearnos, no preguntes cómo, pero lo hacemos sin bajarnos del árbol. Luego, como muchas veces en las relaciones de ustedes los humanos, ella sigue su camino y da a luz una sola cría, después de cinco o seis meses, y lo hace sin bajarse del árbol. Sé que tengo varios hijos, los extraño, pero mi naturaleza me indica que somos solitarios.

 

No me gusta la carne, no soy cazador, no vuelo, no corro. Mi alimento son los frutos, hojas, ramas y semillas; mis preferidos son el roble y las hojas de curuba, porque son exquisitos y de ahí la importancia que tengo en este mundo, ya que una vez alimentado, mis desechos contribuyen a la dispersión de semillas que también crecerán como nuevas plantas.

 

Trato de vivir siempre alejado de ustedes los humanos, pero siento tristeza porque cada día nos van quitando aún más nuestro hábitat, tumban los árboles que son nuestro hogar, construyen sus viviendas cerca de nosotros, y llevan perros que nos atacan. Eso pasa cuando por obligación, nos toca bajar para buscar otros árboles, cruzamos por sus carreteras y, como somos lentos, muchos de mis hermanos mueren atropellados o algunos más capturados para vendernos, terminando nuestras vidas en una jaula o encerrados en una habitación, lejos de nuestro hábitat, tristes y abandonados.

 

Afortunadamente ya tenemos muchos amigos humanos, como los señores de la CAR, que nos están protegiendo nos rescatan de los traficantes ilegales y nos regresan a nuestro hábitat, inclusive, con otras organizaciones han creado “el día del perezoso” para crear conciencia sobre nuestra preservación.

 

En estos momentos mi especie es considerada vulnerable, por eso necesitamos la ayuda de todos para poder sobrevivir. Somos lentos, vivimos al revés de ustedes siempre mirando al cielo, y nuestra existencia depende de sus acciones.

Etiquetas: Fauna silvestre, Perezoso, Tráfico Fauna,