Un animalito con mala reputación

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3 months ago

Facatativá, Cundinamarca. 17 de enero de 2019

 

 

Se les tilda de invasores, malolientes, dañinos y muchos las consideran una plaga. Pero este pequeño animalito, lucha día a día por hacer lo que hacen los demás seres vivos: Sobrevivir y reproducirse.

 

Estamos hablando de la zarigüeya, cuyo nombre científico es Didelphis pernigra. Se le han colgado otros nombres en el sentir popular, como runchos, faras y uno que habla de la forma despectiva como la ve el hombre : “Chuchas”.

 

Por eso hoy dedicamos estas notas a conocer un poco de esta especie que está en peligro de desaparecer si la seguimos persiguiendo, cazando, sacrificando y atropellando en las vías sin ninguna compasión. En primer lugar, aclaremos que no tienen nada que ver con las ratas, aunque guarden algún parecido. Pertenecen al orden de los marsupiales o sea aquellas especies cuyas crías en sus primeros días de vida son transportadas en bolsas dentro del cuerpo de la madre. Es un animal de hábitos nocturnos. Su régimen alimenticio es el menor de sus problemas, pues devora con sus potentes dentaduras mamíferos pequeños, huevos, pájaros, reptiles y vegetales, pero también come fruta, maíz y raíces. Sin embargo, posee una fea costumbre que le causa enfrentamientos con el hombre ya que incursiona en los gallineros donde degüella las gallinas, come una pequeña porción de carne, y deja entero el resto del cuerpo.

 

De todas maneras cazarlo no es fácil, además de su agilidad para esconderse en lugares rocosos inaccesibles, tiene combatividad para enfrentar a sus depredadores; pudiera ganar un Oscar ya que cuando se ve acorralado suele hacerse el muerto, quedando quieto, con los ojos vidriosos y la lengua afuera, cuando su depredador se aleja, se incorpora y sigue su camino, aunque otros sostienen que, en efecto, el miedo hace que el animal sufra una especie de síncope muy cercano a la catalepsia.

 

El hombre, como se dijo antes, las caza por el daño que hacen en los gallineros. En teoría no es comestible, pero en Colombia en ciertos lugares ante la necesidad, los campesinos se han ideado la forma de preparar su carne de manera que no se activen las glándulas que producen el mal sabor y se come sin problemas. Se le conoce como “carne de monte”.

 

Otra de las características que las mantiene, es su alta capacidad de reproducción. En cada camada tienen hasta 14 crías que, como dijimos antes, se protegen dentro de la marsupia de su madre, es decir pequeñas bolsas que ella tiene en el vientre.

 

Estos pequeños seres son indispensables en el equilibrio ecológico de las regiones que habitan en el control de insectos y roedores, además dispersores de semillas. Sin embargo, el hombre como en todos los órdenes, invade su hábitat causando muchas muertes de estos individuos. Según la Ingeniera Jackeline Remolina,  del área técnica de la Dirección Regional Sabana Occidente de la CAR, en buena parte de la Sabana de Bogotá la tolerancia de esos individuos  a espacios altamente modificados y posiblemente su alta movilidad, sugieren que este marsupial podría ayudar a mantener funciones ecosistémicas y podría favorecer procesos de restauración ecológica en lugares deteriorados donde otras especies silvestres rara vez se aventurarían.

 

Nuestra labor es cuidarlos y protegerlos, no verlos como una amenaza ya que no son sucios porque constantemente se acicalan, no son una plaga, pero tampoco se les debe tener como mascotas. Su hogar no es nuestro hogar, su hogar son los bosques, allí donde son libres, se alimentan de lo que pueden, el daño que llegaran a causar es involuntario y obedece a la invasión que hemos hecho de su hábitat. Dejémoslos vivir en paz, que nos sigan ofreciendo ese hermoso espectáculo de verlos cargar a sus crías en sus pequeñas bolsas como mecanismo de protección y ejemplo de amor materno.

Etiquetas: Fauna silvestre, Especies invasoras,