Un panal de sueños hechos realidad

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hace 1 mes

Facatativá Cundinamarca, octubre de 2020

Esta historia empieza a tejerse años atrás, en el municipio de Puerto Salgar, Cundinamarca, allí mientras el día se asomaba, un padre amante de la lectura y de la apicultura, salía a mostrarle el mundo a su pequeño hijo quien lo admiraba, por la profundidad de sus conocimientos.

De esos días donde las palabras y el conocimiento hicieron una gran red de anécdotas e historias, ya pasaron más de 40 años. Ese niño creció, se llama Édgar Francisco Abril, hoy vive en el municipio de Facatativá y sigue los pasos de su padre, llevando la apicultura a otras poblaciones de la región.

Édgar Francisco cuenta parte de su historia y deja entre ver sus ojos llenos de efusividad evocando su época de niño: “recuerdo que salía a contemplar los días soleados y veía juntar como una borrasca, cientos y miles de abejas, que formaban lo que me parecía una barba grande”

Sonríe al recordarlo y continúa: “otro de mis momentos mágicos fue tener una abeja reina en mi mano, allí aprendí como controlar la picadura de una abeja o hasta como nace una abeja”. Para este ingeniero civil, esos son los mejores recuerdos de su infancia y de su padre.

Don Édgar, a través de los años, se ha destacado por madrugar y trabajar fuertemente logrando en compañía de su esposa, Esperanza Fajardo, que sus hijos Édgar Camilo y Oscar Andrés, hoy sean ingenieros y su hija Laura Angélica trabajadora social, profesiones que de la mano del trabajo en equipo como familia, han permitido que juntos conformen un gran eje interdisciplinario que, con pasión y sacrificio, esperan llegar muy lejos.

Édgar Francisco hace parte de la Asociación de Apicultores, donde ha aprendido y enseñado a otros a tener practicas amigables con el medio ambiente. Desde allí, brinda la asistencia técnica para evitar las amenazas que existen para las abejas, evitando al máximo los químicos, que no son buenos para las condiciones óptimas de esta importante especie polinizadora. En ese sentido, él junto a otros miembros del equipo, llevan una vida en pro de las abejas, y tienen claro que deben ejercer un alto control frente a las amenazas que estas enfrentan.

Además de este trabajo fuerte e incansable, Édgar hace 20 años formó su empresa de construcción, un trabajo en el que como todos los sueños en proceso, se tienen subidas y bajadas, las cuales siempre ha logrado establecer. Por eso asegura: “lo que hacemos en este proceso, es utilizar todas las partes de la madera, allí ponemos en práctica el manejo de Producción Más Limpia y de la economía circular, evitando los desperdicios de la madera, generando ahorro y uso eficiente del agua, y contribuyendo así con el cuidado del río Bogotá.

Lo que viene de la mano de la Corporación es reforzar jornadas de capacitación en prácticas de producción más limpia y generar visitas técnicas con el fin de acompañarlos en sus procesos y generar más acciones en pro del ambiente.

Además, con la CAR, este soñador y emprendedor desea seguir vinculándose para aunar esfuerzos para la protección del medio ambiente, pues otro de sus sueños  es hacer parte de los Negocios Verdes de la Corporación, con el fin de que sea conocido el legado de su padre.

Édgar Francisco tiene claro que “las ganas de querer, la ganas de progresar y que ese legado permanezca en el tiempo y en su hogar, han hecho que llegue hasta aquí como empresario, no es fácil, pero perseverando se logra”

Manos trabajadoras, sueños en común e ideas visionarias, son las que hoy resaltan la labor y la historia de este hombre. Proyectos como sus dos empresas, que contribuyen con buenas prácticas en el impacto positivo del rio Bogotá. Así continúan construyendo un legado que dejará la posibilidad de entender que se pueden hacer acciones por un mundo mejor.

 

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