Venenos que salvan vidas

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2 weeks ago

Bojacá, Cundinamarca. 3 de octubre de 2018.

 

 

Quienes transitan por la vía que de Madrid conduce a Bojacá, cerca de la base aérea de la Fuerza Áerea Colombiana (FAC), pueden observar a lo lejos una pequeña construcción en ladrillo, que pareciera ser una más de las tantas fincas que hay en la zona. Sin embargo, pocos saben que allí se conservan celosamente 16 de las más venenosas especies de serpientes del país.

 

Es el Serpentario del Instituto Nacional de Salud, ubicado en el predio denominado “Hacienda Galindo” y destinado a la producción de materia prima para el suero antiofídico, con el cual se atienden los cerca de 5 mil accidentes por mordedura que se reportan cada año en el país, minimizando las muertes.

 

La médica veterinaria Mónica Paola Sarmiento, nunca pensó en trabajar con serpientes. Su actividad profesional se enfocaba hacia los equinos, pero como explicaremos más adelante, hay una relación equinos-serpientes, y poco a poco se involucró en el conocimiento y manejo de los reptiles. Hoy es una verdadera autoridad sobre el tema.

 

También conocimos a Carlos Castro. Trabaja en la hacienda desde que se vinculó al Instituto Nacional de Salud. Dice que antes “se asustaba hasta con una lombriz”, pero cuando llegó el serpentario decidió enfrentar su miedo y aprendió a conocer, cuidar y convivir con tan singulares vecinas.  Hoy es gran conocedor del tema y estudia zootecnia en la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD).  Afirma con orgullo que con base en esta labor ha sacado adelante a su familia, que reside en el predio, pero que nunca se acercan al serpentario.

 

José Peña es otro de los trabajadores de la hacienda. Ayuda en labores de aseo, mantenimiento del lugar y cuidado del mismo. Es callado y observador, pero nos narró un poco sobre su labor, asegurando que su trabajo lo hace con amor y dedicación.

 

El serpentario cumple con todas las recomendaciones emanadas por la Organización Mundial de Salud – OMS, en concordancia con la normatividad ambiental vigente para Colombia. El lugar de permanencia de las diferentes especies de serpientes tiene un sistema controlado de aire filtrado, temperatura y humedad, con el fin de garantizar la supervivencia de los reptiles en cautiverio y así obtener veneno de la mejor calidad.

 

Entrar allí no es fácil. Mónica nos explica que al sitio de permanencia y manipulación solo entran ellos, personal especializado y quienes hagan visitas técnicas. Por lo demás está absolutamente restringido. Nos recomiendan no usar perfumes ni sustancias de olores fuertes que provocan estrés a las serpientes; ropa adecuada, botas caña alta, gorro y tapabocas.

 

El cuarto es pequeño, se percibe una temperatura entre 25 y 28 grados centígrados, ya que la mayoría de estas serpientes provienen de alturas inferiores a 1.500 msnm

 

Ordenadas y etiquetadas por número, nombre, tipo de especie, sexo y lugar de procedencia, en cajas plásticas permanecen las serpientes. Al ingresar, el temible y conocido sonido del cascabel nos indica que están alerta para no ser molestadas. Mónica, Carlos y José diariamente ingresan allí para vigilar su estado, temperatura, condiciones de permanencia y para alimentarlas con lo que ellos llaman ‘Roedores controlados”, provenientes del Bioterio del INS. 

 

Una vez al mes cada serpiente es manipulada para extraer veneno, el cual es objeto de pruebas de calidad. Posteriormente éste es inyectado en pequeñas y controladas cantidades a caballos. Los equinos desarrollan en su sistema inmunológico una respuesta llamada inmunoglobulinas específicas (IgG) contra el veneno de serpientes.  Durante  tres días se les extrae sangre, de la cual se separa el  componente líquido o plasma hiperinmune, que va a la planta de sueros en Bogotá, donde es purificado para elaborar los dos sueros polivalentes que ha desarrollado el INS: uno específico  para controlar los accidentes ofídicos provocados por la especie Mapaná (serpiente de la familia de las víboras), el más frecuente en nuestro país, con aproximadamente el 90%  de los  casos; y otro también específico,  que neutraliza el veneno de las serpientes de anillos negros y rojos o corales verdaderas. Es decir  que  los sueros antiofídicos o antivenenos del INS cubren cualquier accidente provocado por serpientes venenosas en Colombia.

 

El proceso realizado con equinos, asegura Mónica, no representa ningún peligro para la salud de los caballos, algunos de los cuales son utilizados para ello por más de 20 años.

 

Aunque Mónica y Carlos afirman que todo el procedimiento es seguro, cada vez que manipulan a una de estas serpientes están jugándose la vida.  Mónica recuerda que en el 2014, por un error de manipulación, una Botrhops asper o “Cuatro Narices”, le produjo una mordedura que le causó dolor intenso, hinchazón y enrojecimiento de la mano, lo que fue clasificado como un accidente moderado. Pero jocosamente cuenta que esto sirvió para probar el protocolo para estos casos y, efectivamente, media hora más tarde en el Hospital San Rafael de Facatativá, se iniciaba el tratamiento con el suero del INS. Hoy de ese insuceso, solo queda el recuerdo y una pequeña cicatriz en el índice izquierdo que no limita su trabajo con las serpientes.

 

Aunque saben de los riesgos, también conocen el comportamiento de cada especie. Algunas son manejadas con los llamados “bastones herpetológicos” o pinzas, pero a otras como las corales, con una pasmosa sangre fría las toman en sus manos y con más cariño que prevención, las manipulan lenta y calladamente como en ritual sagrado.

 

Aunque con labores misionales muy diferentes, el INS y la CAR guardan una relación institucional que se relaciona en los temas de permisos de investigación y funcionamiento del serpentario, aprovechamientos de aguas y otros temas legales, pero que se articulan en bien de la salud pública de los colombianos y la generación de conocimiento

 

El Instituto Nacional de Salud nos abrió las puertas de su serpentario gracias a su coordinador, el doctor Francisco Ruiz, para conocer la callada, riesgosa y a la vez hermosa labor que este pequeño pero profesional equipo desarrolla, pero especialmente para que lleváramos un mensaje a la comunidad sobre el cuidado hacia las serpientes: no temerles, solo respetarlas. Tienen una gran misión en la cadena alimenticia y el equilibrio ecológico. Ellas nos temen a los humanos y siempre tratarán de huir porque nos perciben como un gran depredador, una gran masa de energía y calor, dice Mónica; y si se sienten atacadas reaccionarán con su instinto natural de supervivencia.  Somos los humanos quienes invadimos su hábitat, y cuando las encontramos la respuesta es matarlas, pero esa no es la lógica.

 

Hay que decir también, que el serpentario del INS realiza actividades de capacitación sobre el reconocimiento de las serpientes venenosas en nuestro país. De las  300 especies presentes en Colombia, solo 52 son venenosas, es decir que solamente el 18% pueden generar riesgos al humano.  El mensaje entonces es: NO LAS MOLESTES, DÉJALAS PASAR, DEJALAS VIVIR, ¡NINGUNA SERPIENTE ATACA, SOLO SE DEFIENDE! 

Etiquetas: Instituto Nacional de Salud, Serpentario,